Alfaro, el héroe inesperado

Cuando Alfaro asumió la dirección técnica de la selección ecuatoriana de fútbol, muchos dudaron (entre los que me incluyo) de su idoneidad. Las dudas pasaban por muchas cuestiones: Su último trabajo en Boca donde fue duramente criticado, su estilo de juego poco atractivo (como si fuésemos Brasil), su edad y cómo encajaría su personalidad con un grupo de jugadores tan jóvenes. 

Debo decir que mis dudas personales pasaban por otro lado. Creía que lo ideal, para aprovechar la ventaja de la altura, era un modelo en el que se priorice el ritmo alto con balón, intensidad y presión alta (como ejemplo de nombres que encajen con este perfil, Almada o Célico). Todo esto, muy opuesto a lo que ha caracterizado a Alfaro a lo largo de su carrera. Sin embargo, por más paradójico que suene, justamente por esto ha resultado ser la mejor opción para el combinado ecuatoriano. 

Si bien es cierto, al inicio de las Eliminatorias el equipo de Alfaro parecía reunir los atributos mencionados anteriormente para sacar provecho de la altura, esto duró poco, siendo las contundentes victorias frente a Uruguay y Colombia los únicos ejemplos donde Ecuador pudo imponer un ritmo alto al partido. A partir de ahí, todos fueron partidos muy ajustados que se resolvieron en su mayoría por acciones a balón parado. Fueron partidos espesos, donde los rivales lograron el cometido de la mayoría de combinados que van a Quito: estar cómodos en un bloque bajo, que el partido sea de muy bajo ritmo (cosa para la que Ecuador ayudaba) y que se juegue poco. 

Por el poco provecho que se le sacó a la altura, podríamos pensar que Alfaro no era la elección indicada. Pero veamos cómo fueron los partidos fuera de casa. En partidos donde a Ecuador no le correspondía llevar el peso del partido (es decir, todos menos Venezuela y posiblemente Bolivia), compitió muy bien. El plan de visita, si bien tuvo variaciones dependiendo del rival, consistió en lo siguiente: de inicio, un bloque medio-alto, con muchas referencias individuales (que no persecuciones), sin apretar la salida de balón rival, y defendiendo hacia atrás a medida que el balón progresaba. Tras el robo, Ecuador buscaba ser muy vertical, pero cuando no lograba ser dañino inmediatamente en la transición, también sabía mantener el balón para descansar con él. 

Algunos dicen que este plan no encaja con nuestros jugadores. Discrepo. Está claro que requiere de mucha concentración, y que ante la mínima desatención te hace pagar, cosa de la que Ecuador históricamente ha sufrido. Como ejemplos en este proceso tenemos los partidos en Buenos Aires y Montevideo, donde se hicieron partidos casi perfectos desde lo defensivo y se lo pierde por un error puntual. Sin embargo, desde el encuentro en Argentina, si bien el plan se ha mantenido con pocas variaciones, Alfaro ha conocido mejor lo que tiene a disposición, y ha utilizado fichas que se acoplan mejor a lo que pide. Desde ese día en Buenos Aires, el plan cada vez ha salido mejor, sobre todo, por lo que se hace una vez que se recupera la pelota: salir más rápido y mejor, así jugando menos tiempo cerca del arco propio. 

Pero volviendo por qué pienso que los jugadores sí encajan con el modelo propuesto, creo que no hace falta explicar por qué este es el caso con pelota. Tenemos siempre a un mediocentro de gran recorrido para las transiciones (Moisés Caicedo, por lo general), extremos de gran velocidad y muy dominantes en el uno para uno (Plata, Preciado, etc.), mediapuntas o enganches que escogen muy bien el pase final y muy efectivos frente a puerta (Mena, Sornoza), y un punta que se encuentra más cómodo con muchos espacios (Estrada). Entonces, en un modelo que depende mucho de transiciones, se ven potenciados la mayoría de nuestros jugadores. Sin balón, sin embargo, es un poco más complejo de explicar por qué el modelo encaja tan bien. 

El punto de partida son los centrales. Por lo general, se corre el riesgo cuando se adelantan las líneas sin presionar la salida el rival pueda encontrar mediante balones largos las espaldas de tu defensa. Este riesgo es mitigado por la gran velocidad y lo dominantes que son los centrales ecuatorianos a campo abierto. Después, las referencias individuales del medio campo hacen sencillo el mensaje para los extremos y mediapuntas, pero las dificultades que estas traen al medio, principalmente la facilidad de filtrar por dentro, son sobrellevadas bien por el gran recorrido y la pierna fuerte que suelen tener los mediocentros ecuatorianos.

Me podría alargar en la explicación, pero lo más importante no atañe a la propia selección ecuatoriana, si no al contexto. Muchas veces se discute solo sobre los jugadores, pero el contexto es igual de importante a la hora de diseñar un modelo. El contexto en realidad lo podríamos dividir en dos cosas, para simplificar la explicación: rivales y geografía. 

Por los rivales, el modelo ha sido casi perfecto. En selecciones el tiempo para trabajar es muy poco. En realidad, los mecanismos defensivos de Ecuador serían fáciles de superar en el fútbol de clubes. Pero los movimientos necesarios para desarmar las referencias individuales no lo tienen los combinados nacionales (con dos o tres honrosas excepciones de los equipos top europeos). Ni tampoco se puede dotar de un gran ritmo al juego asociado, con lo cual, incluso si se logra sacar de sitio a los rivales, alcanzar la velocidad de ejecución justa para explotarlos será complicado. Pero es que además, incluso si Ecuador cede el balón, al no defender tan cerca de su arco, no será penalizado tan a menudo ante cualquier mínima desconcentración. 

Por la geografía, además, creo que el modelo de Alfaro es el indicado para dar un paso adelante en la forma de competir del combinado nacional. ¿Con modelos como los de Almada o Célico (por citar dos nombres reconocidos), Ecuador clasificaba al Mundial? Probablemente la respuesta sea sí, por la enorme cantidad de puntos que se hubiesen sacado en las altura (por esto pensaba que este tipo de modelo era el indicado). Sin embargo, creo que este modelo nos hará dar un paso adelante a la hora de competir sin la ventaja que supone la altura. Ventaja sin la que competimos en la Copa América y en los Mundiales. Está claro que lo primero para Ecuador es clasificar al Mundial, pero si se puede lograr con este modelo y además dar un paso adelante a la hora de competir en torneos, ¿por qué no? Ecuador puede quedar eliminado en fase de grupos en el Mundial, pero, está claro, siendo inferior a muchos equipos desde las individualidades (basta ver dónde juegan los jugadores ecuatorianos y dónde juegan los de los rivales), el modelo de Alfaro lo que nos hará competir mejor fuera de la altura y por ende nos acercará más a puntuar en Mundiales y Copas América. 

Hay un último motivo por el que Alfaro ha encajado tan bien con la selección ecuatoriana, y no tiene tanto que ver con el modelo de juego, si no con el modelo de gestión. Su forma paternalista, ha encajado muy bien en un vestuario joven. Además, se le ha dado confianza y poder a los pocos experimentados que quedan en el vestuario (Gruezo y Enner Valencia, por ejemplo), y estos han ayudado en la gestión, transformándose gracias a este respaldo en líderes positivos. Esta mezcla ha hecho que se vea un vestuario unido donde ya los constantes escándalos (algunos generados solo por la prensa, pero ese es otro tema) son cosa del pasado. 

Franisco Alarcón

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