GANAMOS UNA MEDALLA DE ORO

No fue piloto como era el deseo de su padre, no dominó los cielos, tampoco estuvo en la frontera para defender al territorio ecuatoriano. Fue deportista, dominó los trazados en los que se desarrollaron las competencias más importantes de marcha atlética a finales de los años 90 y en gran parte de la primera década del Siglo XXI y en cada carrera defendió su nombre, su identidad y su bandera amarilla, azul y roja que la cobijó paso a paso, kilómetro a kilómetro, victoria a victoria lo que permitió que el Himno Nacional del Ecuador suene en un sinnúmero de premiaciones en diferentes ciudades del Mundo.

Jéfferon Pérez en los metros finales de aquella histórica cita para el deporte ecuaotoriano.

Uno de los 19 integrantes de la delegación ecuatoriana en los Juegos Olímpicos Atlanta 1996, fue el marchista cuencano Jéfferson Pérez Quezada que no fue el abanderado, para la gran mayoría de ecuatorianos no era conocido y para los especialistas de su disciplina no era uno de los favoritos a ubicarse en el podio de los 20 kilómetros, muchos menos para ganar la medalla de oro.

Sin embargo, sus resultados en carreras previas, en especial en la etapa juvenil, hacían que su nombre se lo deba considerar entre los rivales a vencer. En el Campeonato Mundial Juvenil de Atletismo en Plovdiv, Bulgaria en 1990 logró medalla de bronce con tiempo récord en los 10 mil metros.

Aún siendo juvenil, en 1992 (año olímpico) participó por única vez en los Juegos Nacionales realizados en Ambato y ganó la competencia sin atenuantes al completar los 20 kilómetros en 1h29,09, sacando más de cinco minutos al segundo, el también azuayo Luis Vivar. Desde aquel entonces ya empezaba a mostrarse como un referente de su disciplina, su nivel era muy superior al de los demás marchistas ecuatorianos.

Su primera aparición en Juegos Olímpicos se dio el 31 de julio de 1992 en Barcelona, con sólo 18 años de edad y presentándose enfermo a la carrera, no la pudo terminar, se retiró a mitad del recorrido.  No fue el único de los que en los próximos años se convertiría en figura del deporte, el polaco Robert Korzeniowski también desertó aquel día.

Semanas después de su debut nada positivo en la mayor cita deportiva, tuvo revancha en una nueva edición del Mundial Juvenil en Seúl, Corea en el que mejoró el tercer lugar dos años antes, esta vez fue el ganador de la prueba de 10 mil metros.

Ya compitiendo en categoría senior logró el primero de sus tres oros en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, Argentina en 1995 con un tiempo de 1 hora, 22 minutos y 53 segundos. Su nombre empezaba a sonar con fuerza en el continente, se alistaba para brillar mundialmente.

 Era hora de empezar a hacer historia, llegaría el 26 de julio de 1996, día que el calendario de los J.J. O.O. de Atlanta marcaba la competencia de 20 kilómetros de marcha masculina, 60 atletas se presentaron en el Estadio Olímpico del Centenario. Había europeos (los favoritos), asiáticos, africanos, oceánicos y americanos de diferentes nacionalidades, guatemaltecos, brasileros, un mexicano, un colombiano y, por supuesto, un ecuatoriano.

Varias delegaciones se presentaban en equipo, entre ellas la rusa, la española, la china y la mexicana, otras solo presentaban a un deportista en el evento, que era el caso de Ecuador. El cuencano sabía que debía hacer una carrera perfecta, inteligente para dar pelea ante las grandes potencias de la marcha mundial.

El recorrido inició en la pista atlética del Estadio Olímpico y luego se conectaría con las calles aledañas y finalizaría donde empezó, Jéfferson Pérez quería borrar la mala presentación de Barcelona, llegar a la línea de meta y, además, ser protagonista.

Entre los rivales más destacados estaban Mikhail Shchennikov  de Rusia y Yevgeniy Misyulya de Bielorrusia a los que Jéfferson los llamó los inmortales, además de Robert Korzeniowski que en Atlanta también empezaría a grabar su nombre entre los mejores atletas de la historia aunque no precisamente en los 20 kilómetros sino en los 50.

Inició la carrera, y todos formaban un solo pelotón  al transitar por el anillo atlético y al salir a la calle el equipo de Kenia se adelantó, situación que no duraría más de un par de kilómetros. El que si lideró durante gran parte de la prueba fue el ruso Rishat Shafikov, sacó una ventaja considerable a los del grupo que peleaban por medalla y allí se mantuvo durante un lapso importante que se creía que sería el triunfador inobjetablemente, pero su ritmo empezó a decaer y el primero en superarlo fue su compatriota Ilya Markov.

Los dos rusos peleaban el primer lugar, pero dos latinoamericanos iban detrás de ellos sin perderles de vista, Bernardo Segur de México y el de uniforme azul con el número 1326, el azuayo que estaba dispuesto a dejar todo en las calles de la capital del estadio de Georgia. Su entrenamiento estaba dando resultados, su preparación, física, técnica, mental y emocional le permitió superar los tres cuartos de carrera entre los líderes. Era un momento inédito para un deportista ecuatoriano y para el país en general.

Shafikov ya no era líder, tampoco seguía adelante con su compañero de equipo, Segura (26 años) y Pérez (22) le dieron alcance a Markov (24) y el recorrido se acercaba a su final. De no darse alguna descalificación las medallas serían para el europeo, el norteamericano y el sudamericano, lo que quedaba por definir era el orden. Pero notemos la magnitud de ese instante, un ecuatoriano estaba a escasos kilómetros, a pocos minutos de conseguir por primera vez una medalla olímpica. Simplemente emocionante.

El más joven de los tres dio cátedra de coraje, entereza, resistencia física y mental y aventajó al mexicano y al ruso, y fue el primero en recibir el acceso al tramo que conectaba al circuito con el estadio, el oro estaba cada vez más cerca, Markov venía detrás pero Pérez Quezada estaba decidido a todo, “si quieren ganarme tendrán que matarme” pasaba por su mente.

Y ante la sorpresa de los espectadores presentes en el Estadio Olímpico del Centenario, el joven ecuatoriano ingresó al anillo atlético con actitud imparable y detuvo el cronómetro en 1h20,06 y se cuerpo se desplomó, pero su mente, su corazón y todo un país seguían marchando, marchando de alegría, de gozo, de satisfacción, de esas que llegan pocas veces en la vida, luego de varias ediciones de citas ecuménicas, se dejó de lado por una vez el simple hecho de participar y uno de los nuestros logró ganar.

Jéfferson Pérez , totalmente exhausto, tras llegar a la meta.

Y no sería la única vez que Jéfferson Pérez provoque que se escuche Salve oh Patria, ¡mil veces! ¡Oh Patria! en los podios de las grandes competencias porque luego lo haría en las Copas del Mundo de Marcha de Podebrady 1997, Turín 2002 y Naumburgo 2004 y en los Mundiales de Atletismo de París 2003, Helsinki 2005 y Osaka 2007, además de títulos bolivarianos, panamericanos, entre otros, además de una nueva medalla olímpica, esta vez de plata en Beijing 2008, en el año de su retiro.

Un año después de su gesta deportiva, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en la Presidencia de Fabián Alarcón designó al 26 de julio como el Día del Deporte Ecuatoriano. ¡Felicidades Jéfferson, felicidades Ecuador!

Antonio Flores

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