EL FÚTBOL OPACO DE LIGA BAJO EL MANDO DE ‘VITAMINA’ SÁNCHEZ

Autor: Eduardo Yumi

El bicampeonato de Liga Deportiva Universitaria, conseguido bajo la conducción del argentino Pablo “Vitamina” Sánchez, ha sido parte del crédito que aún lo respalda para esta temporada. En un club de la talla y tradición alba, los títulos no son lo único que cuenta. La hinchada, acostumbrada a ver un fútbol dominante y con identidad, hoy mira con recelo un equipo que consigue puntos, pero no convence.

El resultado frío en la tabla contrasta con la calidez de un juego que simplemente no aparece. La idea de juego, establecida en teoría por Sánchez, no se refleja en la cancha. Son varias las presentaciones de Liga que han dejado dudas y hasta cierto sinsabor en los hinchas del Rey de Copas. El equipo ha transitado la temporada 2025 con una propuesta deslucida, predecible, sin sorpresa ni agresividad. A esto se suma la constante rotación de nombres y decisiones que, lejos de construir una base sólida, han alimentado el desconcierto. Pese a que en sus primeras conferencias Sánchez prometía un equipo “protagonista con el balón”, lo que se ha visto hasta ahora dista mucho de eso.

 Liga juega con un libreto plano, sin imaginación en el medio campo, con extremos que no desbordan y con un centro delantero que ha perdido filo. Las estadísticas defensivas se mantienen estables, pero el volumen ofensivo ha caído, y eso se nota tanto en LigaPro como en la Copa Libertadores. Las críticas no se centran en los resultados, sino en la ausencia de sensaciones, esa chispa que hace del fútbol un espectáculo. Parte del problema también pasa por un mal armado del plantel. En este 2025, Liga ha sufrido la baja de nombres importantes que no fueron reemplazados con inteligencia. La salida de Jhojan Julio dejó al equipo sin su habitual desequilibrio. Ezequiel Piovi, por su parte, era el eje del mediocampo, un capitán que imponía orden y recuperaba balones con oficio.

La directiva y el cuerpo técnico no supieron -o no quisieron- encontrar sustitutos de peso para ellos. En su lugar llegaron jugadores por pedido expreso de Sánchez, como Carlos Gruezo y Lautaro Pastrán. Ninguno ha estado a la altura. Gruezo ha sido una sombra del jugador que alguna vez brilló en la MLS. Su aporte es intermitente, sin liderazgo y con bajo rendimiento. Pastrán, llamado a ser extremo desequilibrante, ha quedado en promesa hasta el momento.

Otro punto de desventaja es el bajón de Alex Arce. El paraguayo fue el hombre gol de la temporada anterior, un delantero letal que no perdonaba. En este nuevo ciclo, aunque ha anotado en ambos frentes, su efectividad ha disminuido considerablemente. Pese a ubicarse en el top 5 de artilleros, su promedio de goles por remates al arco ha caído, y muchas de sus intervenciones se diluyen lejos del área. Las defensas rivales han aprendido a anularlo, y sin una estructura que lo alimente con balones claros, Arce se convierte en un delantero inofensivo.

Los entredichos entre Sánchez y la hinchada tuvo un momento acalorado cuando el técnico declaró, en una rueda de prensa, que “la gente no apoya lo suficiente”. Las redes estallaron. Los hinchas expresaron su molestia con comunicados y cánticos. Aunque el DT pidió disculpas en días posteriores, el comentario ya se dijo. En un club donde la hinchada es el alma, esas palabras cayeron como una bofetada.

La promoción de jóvenes talentos al primer equipo es uno de los puntos positivos de Pablo Sánchez, quien ha confiado en las formativas y ha dado minutos a nombres como Yeltzin Erique, Juan Sebastián Rodríguez, Daniel de la Cruz y otros juveniles que comienzan a ganarse un espacio, pero esto sin una estructura sólida y una idea de juego coherente, el proceso formativo puede quedar en nada. Exponer a los jóvenes a un entorno inestable puede frenar su crecimiento o incluso condicionar su confianza. Liga Deportiva Universitaria navega un mar calmo de resultados, pero con aguas turbias en cuanto a juego e identidad.

El bicampeonato no alcanza para tapar el descontento. Pablo Sánchez, empieza a ser un técnico resistido, pese que aún cuenta con respaldo institucional, cada fecha sin claridad, cada actuación pobre, cada conferencia sin autocrítica, lo alejan un poco más de la paz con la hinchada. La memoria es corta, y el fútbol, por más trofeos que entregue, exige pertenencia, carácter y juego.

Melissa Palma

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