Casas de Apuestas y su intervención en el Fútbol (LigaPro)

Autor: Diego Briones

La relación entre las casas de apuestas —mal llamadas casas de pronósticos deportivos— y el fútbol parece ser cada vez más estrecha. Económicamente, para los clubes representan un alivio y, para las organizaciones de los torneos, una forma de subsistencia en un mundo con una cantidad cada vez menor de suscriptores legales, debido al auge de la piratería y las facilidades para ver contenido sin pagar.

Sin embargo, las consecuencias de esta intervención económica son mucho más graves de lo que se dice. En primer lugar, está la afectación mental para los consumidores, es decir, los televidentes. La ludopatía es un problema serio y real, que en todos los países se aborda con creciente rigurosidad, y como consecuencia del aumento de consumo, en las principales ligas del mundo, como la Premier League, LaLiga y otras, las casas de apuestas comienzan a prohibirse como auspiciantes de los equipos.

Esta situación es más grave que la de los casinos. El motivo radica en la facilidad para apostar y en los escasos filtros de las casas de apuestas. Antes, para apostar, era necesario dirigirse a un lugar específico y pasar por filtros de seguridad, cómo presentar una cédula de identidad. Ahora, basta con un celular, acceso a internet y dinero, sin importar de donde venga este último. Por si fuera poco, hay una casa de apuestas en casi cada esquina de cualquier ciudad; de hecho, hay más casas de apuestas que centros de salud o escuelas, lo que facilita aún más el acceso. En Ecuador, a pesar de que el juego está prohibido desde 2011, operan numerosas casas de apuestas sin licencia, lo que incrementa el riesgo para los usuarios.

A esto contribuyen los creadores de contenido, periodistas y la publicidad en internet, que incitan a apostar mediante promociones como duplicar o triplicar el primer depósito. Esto es comparable al primer gramo de marihuana que un traficante regala para enganchar al consumidor. En nuestro país ni siquiera existe regulación para este tipo de actividades y no conlleva mayores consecuencias para los creadores de contenido, una vez más, el que paga todas las cuentas es el consumidor, el televidente; el más vulnerable porque desconoce y no entiende de los riesgos del juego.

No obstante, la ludopatía no es el principal conflicto generado por las casas de apuestas. El peligro real está en el dinero ilegal que se mueve a través de ellas: el lavado de dinero, el arreglo de partidos y las amenazas a jugadores, producto de grandes cantidades económicas que se mueven en las sombras, donde casi nadie ve. Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), se estima que cada año se blanquean hasta 140 mil millones de dólares a través de apuestas deportivas, y el mercado de apuestas ilegales mueve entre 340 mil millones y 1.7 billones de dólares a nivel global. Si hablamos de nuestro país en específico, el lavado de dinero es la segunda actividad criminal más prevalente después del narcotráfico, con un estimado de 3,500 millones de dólares blanqueados a través del sistema financiero en 2021, casi tres veces más que el promedio anual de 1,200 millones entre 2007 y 2016.

Y como sabemos: las casas de apuestas, tanto físicas como en línea, son un canal ideal para estas operaciones debido a la economía dolarizada del país, que facilita el movimiento de dinero ilícito, y a la falta de supervisión financiera efectiva.

Los televidentes y las personas comunes son simples peones para que estas operaciones pasen desapercibidas, permitiendo lavar dólares que no pueden reconocerse legalmente. Así, las mafias controlan el fútbol, incluso equipos enteros, y se producen jugadas extrañas que, en otro contexto, no ocurrirían.

En especial en la Serie B, es cada vez más común ver jugadas sospechosas tras advertencias de movimientos inusuales en las casas de apuestas. Estas jugadas terminan en resultados que benefician millonariamente a ciertos sectores y no son investigadas como deberían. Si jugadores, dirigentes, ciudadanos e hinchas lo han denunciado y solo han recibido silencio de la organización, ¿qué se puede esperar? Si a quienes denuncian, como el club Libertad, los sancionan, ¿por qué arriesgarse?.

La relación estrecha con las casas de apuestas genera un conflicto de intereses. ¿Qué capacidad moral tiene la LigaPro, por ejemplo, para enfrentar a las casas de apuestas? Si desde su creación, siempre ha tenido al menos una de ellas entre sus principales auspiciantes. Si la economía del fútbol ecuatoriano parece depender de estas entidades, que en su mayoría ni siquiera declaran impuestos en el país, el problema es evidente.

Entender que las casas de apuestas, aunque puedan ofrecer dinero fácil, son un obstáculo para el desarrollo del fútbol, es comprender cómo funciona el mundo. Muchos no quieren verlo, pero el comienzo del fin del fútbol ecuatoriano llegó cuando las casas de apuestas se convirtieron en el poder económico de la organización.

Diego Briones

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