EDITORIAL: EL FÚTBOL NO DEBERÍA SIGNIFICAR VIOLENCIA

Se jugó una nueva edición del partido más importante del fútbol ecuatoriano, el famoso Clásico del Astillero, fue empate entre amarillos y azules, pero tristemente no es momento para hablar de situaciones futbolísticas. Es lamentable que, luego de un partido de semejante magnitud, en pleno 2022, tengamos que continuar hablando de cómo la violencia se apodera de este hermoso deporte.
Durante y después del Clásico del Astillero, disputado la noche del miércoles 11 de mayo del 2022, se registraron altercados en el estadio Monumental de Guayaquil, todo se desencadenó a partir del gol de Alexis Zapata para Emelec en el minuto 81′.
Un grupo de hinchas azules celebraron en una suite del Estadio Monumental, encendiendo una bengala, lo que provocó a varios aficionados amarillos, tanto en la zona de tribuna como de la general, lugar donde se ubica la ‘Sur Oscura’.
Tras esto, comenzaron los conflictos entre los pocos aficionados de Emelec ante la reacción de los hinchas de Barcelona, el inconveniente llegó hasta cierto punto donde se vio gente de la general trasladándose hasta las suites en cuestión. La Policía tuvo que intervenir para buscar orden y, además, rescatar a un hincha que quedó inconsciente tras recibir un fuerte golpe en su cabeza.
Los problemas no se dieron solo ahí, también hubo inconvenientes entre la propia hinchada de Barcelona, como tantas a veces ha sucedido en otros equipos y en el tiempo reciente es algo que se ha visto mucho en Emelec. Por eso, que quede claro, esto no se trata de uno o dos equipos, es un problema generalizado que está ante la vista de todos y absolutamente nadie hace nada.

La violencia es la triste realidad que invade, no solo al fútbol ecuatoriano, si no más bien al fútbol latinoamericano en su generalidad. Por ello, es importante especificar que el problema no se resume en Barcelona o Emelec, va mucho más allá del enfrentamiento entre estos o un simple partido.
Hay violencia, sea a mayor o menor escala, en prácticamente todos los escenarios del fútbol ecuatoriano, por ejemplo, está tan normalizado que los insultos sean el pan de cada día en los estadios. Se piensa que, por pagar el valor de una entrada, se adquiere el derecho de agredir a los protagonistas. Es desde este tipo de detalles “pequeños” que empieza la violencia, luego nos sorprendemos cuando suceden cosas como los vergonzosos hechos del Clásico del Astillero.
Ir a un estadio de fútbol hoy supone poner en riesgo tu integridad, duele aceptarlo, pero es la cruda realidad. Mucho tienen que ver las mal llamadas barras que, con el pasar de los años, en diferentes clubes, han ganado un poder institucional preocupante y es lo que les permite actuar con impunidad. Hoy, lamentablemente, los estadios están llenos de delincuentes y enfermos que actúan sin un sentido racional alguno en nombre de la “pasión”.
A veces, siempre en realidad, no está por demás recordar que el fútbol no deja de ser un simple juego en el que 22 personas patean una pelota, no va más allá de eso. El fútbol nunca será una cuestión de vida o muerte. El fútbol no es violencia, pero lo están transformando en aquello. El fútbol es sinónimo de pasión, pero pasión consciente, sinónimo de fiesta, algarabía y familia.
Cada vez es más difícil hablar de la familia cerca del fútbol, la violencia está tan aceptada dentro de todo lo que rodea a este deporte que, el mensaje actual es no ir en familia a partidos de esta clase, cuando, lo que se debería hacer, es erradicar por completo a las barras que tanto mal le hacen al fútbol ecuatoriano.
Todo lo sucedido en el Clásico es un llamado de atención para que las autoridades, de una vez por todas, tomen cartas en el asunto, no pueden seguir viendo hacia otro lado cuando la realidad es clara y el problema es fácil de identificar. Las medidas, ante una situación de extrema gravedad, deberían se radicales.
Esto no es más que un llamado para las autoridades nacionales, ajenas al fútbol y, evidentemente, a los Francisco Egas, Miguel Ángel Loor y todos los dirigentes relacionados al fútbol nacional, para que dejen cualquier disputa personal a un lado, y trabajen en conjunto en beneficio de cautelar la seguridad del verdadero hincha del fútbol ecuatoriano. Ese que va a un estadio a disfrutar un espectáculo deportivo, no a sacar el vandalismo que muchos otros llevan dentro.
Todos podemos aportar a que el fútbol no sea derrotado en este partido crucial, la violencia está goleando, pero la remontada puede ser posible con la suma de esfuerzos de autoridades, dirigentes, medios de comunicación, jugadores y, por supuesto, el aficionado en general. Esto es un todo, hay que recuperar la verdadera esencia del fútbol.
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