MALDITO FÚTBOL


Cuando al espíritu del gol, se lo devoraron los intereses del mercado

Ya lo dijo Valdano: “Muertas las ideologías, el mundo quedó en manos de gente práctica que anula cerebros bajo montañas de nada”.

Preferiría cambiar la palabra “mundo” por fútbol; “montañas de nada” por montañas de dinero, “cerebros” por emociones y abrir una pregunta: ¿Cuál es la verdadera ideología del fútbol? Para definir la esencia de una esfera tan grande e importante, debo remitirme a los inicios de la misma, y no hablo de aquellos años en los cuales, Reino Unido institucionalizó la práctica para disciplinar cuerpos y mentes acorde a un nuevo modelo económico y social que nos regiría, llamado capitalismo. Sino al contrario, donde aún el fútbol era libre de las manos de la modernidad y del lenguaje del hombre.

Donde según los Mayas, concebían al juego de la pelota como un ritual. Representaba los orígenes del universo y pretendía activar mitos de creación. Un rito de iniciación muerte y renacimiento.

En el primer párrafo, metaforizo la palabra ‘ideología’ con esencia. Ya que es un concepto que se empezó a utilizar en el siglo XVIII, donde el análisis era el único método reconocido y aplicado a la ciencia, e ideología era definida como el “análisis de las ideas”, es decir, la investigación sobre el origen de las ideas. Las mismas, debían ser descompuestas en sus elementos originarios y estos no podían ser sino, las sensaciones.

Por lo tanto, lo que conocemos como fútbol moderno, se institucionalizó con un objetivo, regir cuerpos y mentes para el nuevo modelo económico-social. Pero, con una ideología a la deriva. Un espíritu que lo fuimos personificando cada uno de nosotros. En la cancha la victoria fue nuestra, el juego criollo y de potrero, desplazo a la clase alta y sus intereses de adoctrinamiento a otros deportes, como el Criquet, Tenis, Golf, etc.

Pero afuera del rectángulo infinito de ideas, en el palacio donde el fútbol se juega con un bolígrafo y una firma por millones de dólares en un escritorio, la gente con poder seguía manipulando y controlando el fútbol a su manera. De cualidad invisible, se germinó una clase dominante y otra dominada.

El rio del fútbol se dividió en dos corrientes: el alma del gol dominada por el imperio del dinero, y es ahí, como al inicio de esta nota, que quiero citar una incógnita planteada por Jorge Valdano: ¿Qué grado de tolerancia tiene el negocio sobre el romanticismo? Ninguno.

Vivimos en un contexto donde la pandemia de la Covid-19 golpeó de manera imprevisible al mundo. El año 2020 fue abrumador para la salud de todas las personas que se veían afectadas por un enemigo incorpóreo y mortal. Muchos eventos deportivos tuvieron que ser pospuestos, lo que significó pérdidas millonarias para la esfera del deporte. Suceso que el presente año no podía repetirse, por los mandamientos de la biblia de aquellos que dictan la misa del deporte cada domingo.

Vale aclarar que mi postura, no es querer que el deporte vuelva a paralizarse. Entiendo que el deporte es trabajo para las personas involucradas, y mecanismo mimético para descargar las emociones reprimidas durante la semana; para los aficionados. Mi objetivo es desenmascarar al deporte, pero no en esencia, sino, en objetivo. Es decir, a las personas que lo manejan y sus intereses disfrazados, “para brindar un buen espectáculo”.

Batalla que se expresó con mayor notoriedad, en Colombia. País que vive otro enfrentamiento de tantos que nos caracterizan en Sudamérica. Gobiernos que en el punto de inflexión para el pueblo, dictaminan políticas en contra del pueblo, y una masa de sociedad que se identifica más con la nación, sale a las calles a manifestarse, a derrocar al Gobierno.

¿Qué tiene que ver lo mencionado con el fútbol? Mucho. Ya que el país cafetero iba a ser sede de la ya pospuesta Copa América. A Conmebol, se le fue por el excusado su plan de tener dos sedes por primera vez en el torneo continental más importante. En su discurso avaro y pudiente,  se evidenciaron los primeros signos de presión, de que la Conmebol aparenta tener el sartén por el mango, pero al contrario, está entre la espada y la pared. Porque la pudo posponer haciendo caso al Gobierno colombiano, hasta diciembre. Pero la billetera de Conmebol respondió tajantemente una negativa a esperar 6 meses.

En la final de la Europa League se permitió un acceso máximo de público de 9,500 y para la final de la Champions, se estimó un aproximado de 16.000. Se posan en la verdad dos realidades; Europa con un avance tecnológico, logístico y cultural para superar la tormenta del Coronavirus y América del Sur, intentando imitar el fin, pero no los medios.

No hay una sede segura para la Copa América, como si hay una burbuja para la NBA en Estados Unidos, o hubo en el Giro de Italia. Argentina, la única sede que quedaba, a última hora respondió a Conmebol negando la apertura de sus puertas para el evento sudamericano, por la coyuntura sanitaria que vive.

A 11 días que comience la Copa América, la resolución del ente presidido por Alejandro Domínguez decidió, y esta es la razón por la que digo apresurada y presionante, como sede a Brasil, Territorio que vive lo mismo que Colombia y Argentina, pero reúne ambos problemas, lo social y lo sanitario.

Pero, aun así, se va a jugar por la ambición de aquellos que manejan el fútbol a su conveniencia y quieren incrementar sus cifras en negro, para acortar sus cifras en rojo. No quiero ni imaginar todas aquellas empresas privadas y de televisión que están presionando a las autoridades de Conmebol para que ponga en marcha el evento, porque las empresas que están presionando a Conmebol, también están siendo presionadas por otras empresas privadas, y así, el círculo económico secuestra la libertad y la convierte en esclavitud.

Insisto, no estoy en desacuerdo con que se juegue, de hecho no estoy criticando ninguna de las dos posturas. Estoy evidenciando que por el momento no hay ninguna sede segura. Pero aún así, la pelota girará por beneficio del poder y “opio del pueblo”

Para concluir este espacio, comparto mucho la idea de Valdano. No podemos demonizar el dinero en el fútbol, cuando somos partidarios de la evolución del amateurismo al profesionalismo. “El fútbol no está fuera de la sociedad ni al margen de la economía”. La misión de las entidades rectoras es organizar grandes eventos y promocionar el fútbol dentro de lo posible, pero también, “distribuir con sentido social y ética impecable el colosal dinero que administra”.

Jorge Valdano en ‘Fútbol, el juego infinito’: “El potencial social y educativo del deporte unido a las sumas astronómicas que maneja la FIFA, podría hacer del organismo que administra el fútbol mundial una escuela de vida para millones de niños que se acercan al juego con la mente abierta por la pasión”. Defenderemos el viejo fútbol, con una grande resistencia por lo que viene. No dejaremos que el mercado y el negocio exterminen el espíritu y la esencia personificada por nosotros en cada grito de gol.

Darío Sevillano

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