De vuelta al origen, Pestañita
En los televisores de antaño, cuando la señal de un canal se iba, quedaba una pantalla tecnicolor como prueba. Pero hace 30 años, ese mismo tecnicolor pasó de significar ausencia a la presencia de un grito monumental. Pintado en el pecho de Carlos Luis Morales, en una atajada que lo llevó a la inmortalidad
Quién diría que esos múltiples colores sería premonición de su andarivel político, pero eso no tocaremos ahora. Hoy, que el recordado “Pestañita” ya no está más, nos quedamos con esa estampa: de rodillas, eufórico, con el aura que sólo poseen los grandes. Barcelona topaba la gloria en su primera final de Libertadores gracias a la patada karateca de Morales en el penal contra Serrizuela.
Hay instantes que te hacen eterno. Y ese fue el momento de Carlos Luis. Lo que pasó recientemente es parte de la cotidianidad de los mortales, y llega a todos tarde o temprano. Pero para los barcelonistas que estuvieron ese día en el estadio, que lo vieron con lágrimas en los ojos por su televisor, ese día Carlos Luis entró al Olimpo.
Morales paseó su clase en Independiente de Avellaneda, en la Selección Nacional e incluso se atrevió a abofetear su propia leyenda vistiendo la azul de su eterno rival. Todo le era permitido ya. Sus atajadas le pertenecían al pueblo, a la gente que ama al fútbol y qué le decían cuándo lo veían tapar: ¡Eso es un arquero!
Comunicador innato, colgó los guantes y se volcó al periodismo. Su pinta y carisma acompañó por años a los Ecuatorianos en el prime time. Pasó de ser noticia a darlas, pero un buen día, o talvez no, decidió volver a protagonizarlas. Pero esta vez desde otra cancha,la política.
Quizás este partido fue el más duro que le tocó. En su ejercicio dejó la vida, literalmente, pero a la vez una huella. La política suele ser avara para quienes la practican, llena de miel y de hiel, y es justo en el momento más amargo de esa aventura donde Carlos Luis dijo ¡basta! y pidió cambio.
No voy a juzgar a Morales, ni mas faltaba. La vida es una escuela. Nadie es bueno o malo por completo, somos humanos, o al menos tratamos de serlo.Cuando alguien parte, dejemos que la gente se quede con el recuerdo que prefiera. Él ya es libre de la forma, nosotros aún presos en nuestros perjuicios.
Arquero, figura, periodista, político, prefecto, pero sobre todo padre, hijo y amigo. Carlos Luis Morales deja muchas historias para contar, mucha tela para cortar, pero sin duda algo que jamás se olvidará: aquel día que se hizo eterno tapando un penal. De vuelta al origen, Pestañita.
